lunes, 26 de noviembre de 2007

Evaluación del Desempeño Docente

Según el Manual de Evaluación de Desempeño del Ministerio de Educación de Chile, la evaluación de desempeño es un sistema de evaluación que busca fortalecer la profesión docente, contribuyendo al mejoramiento del desempeño profesional y de los aprendizajes de los alumnos Es una evaluación de carácter formativo, ya que está orientada a mejorar la labor pedagógica de los educadores. También tiene un carácter explícito, dado que el docente conoce previamente los criterios con los que será evaluado.

“La evaluación y el plan de desarrollo profesional, cumplen una función formativa porque le permiten al docente o directivo docente, situarse como integrante de una comunidad educativa, verse en el espejo de su práctica, en los juicios objetivados de sus colegas, estudiantes, padres de familia y en consecuencia, mejorar su relación con sí mismo, con los demás y con su trabajo. Les permite desarrollar la capacidad de evaluarse crítica y permanentemente en su desempeño para sentirse seguros de sus logros y sin temor a sus propios fallos, aprender de ellos y conducir de manera más consciente su trabajo, así como comprender mucho mejor, todo lo que sabe y lo que necesita conocer, para buscar y aceptar estrategias de cualificación y actualización. Una evaluación que identifica con la mayor claridad posible, con base en indicios reales, los principales aciertos y debilidades del desempeño durante un período determinado, le sirve al evaluado y al evaluador de guía para la elaboración de un plan de desarrollo profesional orientado al fortalecimiento de su trabajo y al mejoramiento institucional”.[1]

El desempeño docente es clave en la educación formal. Está explícito en el Manual de Evaluación de Desempeño del Ministerio de Educación de Colombia: “En el último decenio, los sistemas educativos latinoamericanos han identificado el desempeño profesional del maestro como un factor determinante del logro de la calidad de la educación. Diversos estudios concluyen que podrán perfeccionarse los planes de estudio, programas de textos escolares, construirse magníficas instalaciones; obtener excelentes medios de enseñanza, pero sin docentes eficientes, no podrá tener lugar el perfeccionamiento de la educación.” [2]

“La evaluación del desempeño profesional del docente es un proceso sistemático de obtención de datos válidos y fiables con el objetivo de comprobar y valorar el efecto educativo que producen en los alumnos el despliegue de sus capacidades pedagógicas, su emocionalidad, responsabilidad laboral y por ende la naturaleza de sus relaciones interpersonales con alumnos, padres, directivos, colegas y representante de las instituciones de la comunidad.” [3]

Valdés indica que actualmente se considera que para lograr que el docente genere necesidad de autoperfeccionamiento es imprescindible que se someta consciente y periódicamente a un proceso de evaluación de su desempeño. Indica que la evaluación de los docentes no debe utilizarse como un medio de control de sus actividades, sino como una forma de fomentar y favorecer su perfeccionamiento y desarrollo profesional y personal. Se requiere de un sistema
que permita valorar el desempeño docente con objetividad, que evite el subjetivismo y las situaciones de contradicción o ambigüedad derivadas de prácticas de valoración espontánea y asistemática. La evaluación necesita de la aportación de los docentes, se debe estructurar en un ambiente de diálogo y de apertura. Se debe asumir como un nuevo estilo, como una reflexión compartida para optimizar el desarrollo profesional. Asimismo los resultados de la evaluación deben utilizarse para promover el desarrollo profesional, evitando usos desviados que causen recelo, miedo o rechazo de los docentes.

“La evaluación del desempeño docente se concibe como un proceso, formativo y sumativo a la vez, de construcción de conocimientos a partir de los
desempeños docentes reales, con el objetivo de provocar cambios en ellos, desde la consideración axiológica de lo deseable, lo valioso y el deber ser del desempeño docente”. [4]

“La más importante utilidad que esta evaluación debería tener es posibilitar el diseño de estrategias y medidas de refuerzo y crecimiento profesional pertinentes y ajustadas a las condiciones y necesidades reales de cada docente. Es evidente que las necesidades de formación y capacitación de los docentes son diversas y que las propuestas uniformes y monocordes terminan siendo útiles sólo para un grupo pequeño a cuyas necesidades responde”. [5]

“En consonancia con la definición de personal aportada por el Comité Conjunto de Estándares para Evaluación Educativa (1988) definimos evaluación del profesorado como la valoración sistemática de la actuación del profesorado y/o las cualificaciones en relación con el rol profesional definido para el profesorado y el ideario del sistema escolar”. [6]
Con respecto a la evaluación del desempeño docente, en la propuesta “Nueva docencia en El Perú” (2003) explican que por ser un proceso complejo existen muchas formas de definirla y entenderla. Una forma es a partir de lo que se hace cuando se evalúa, afirmando que es un proceso de construcción de conocimiento a partir de la realidad, con el propósito de provocar cambios positivos en ella. Citando a Mateo (1998) definen la evaluación educativa como un proceso que partiendo de la recogida de información se orienta a la emisión de juicios de valor respecto de algún sujeto, objeto o intervención educativos, y dirige la toma de decisiones para optimizarlos.

Citando de nuevo a Mateo (2000) afirman que la evaluación es un proceso cognitivo (se construyen conocimientos), instrumental (requiere del diseño y aplicación de determinados procedimientos, instrumentos y métodos), y axiológico (establece el valor de algo). De los tres procesos el axiológico es el más importante y significativo, porque cuando se evalúa no basta con recoger información, sino que es indispensable interpretarla, ejercer sobre ella una acción crítica, buscar referentes, analizar alternativas, tomar decisiones, etc. En tal perspectiva Valdés (2000) afirma que la evaluación del desempeño docente es “una actividad de análisis, compromiso y formación del profesorado, que valora y enjuicia la concepción, práctica, proyección y desarrollo de la actividad y de la profesionalización docente”.

La evaluación también puede definirse según su objeto. Si se centra en los resultados educativos se la define como evaluación sumativa. Si se orienta al estudio y valoración de los procesos educativos y de las interrelaciones educativas entre los sujetos se la define como evaluación formativa. La evaluación sumativa se asocia con el uso de tecnologías educativas, instrumentos y escalas de medición. La evaluación formativa busca comprensiones más globales, muchas veces no cuantificables.

También es posible entenderla a partir del tipo de proceso y su finalidad. Así, algunos la conciben como un proceso riguroso de medición cuantitativa que tiene puesto el interés en realizar comparaciones precisas y determinar distancias cuantificables entre una situación determinada y un modelo deseable, claramente establecido. Una evaluación de esta naturaleza requiere hacer uso de un patrón de medida, lo que supone definir indicadores objetivamente verificables y cuantificables, determinar desde allí unidades de medida, construir escalas de medición y diseñar instrumentos válidos y confiables. Pero quienes la entienden más bien como construcción de juicios de valor, o como un proceso de valoración no cuantitativa en función de ideales, es porque lo único que desean lograr es que se acorte la brecha entre los desempeños y condiciones actuales y los deseables. Para poder evaluar el desempeño docente desde esta comprensión se requiere tener claridad y haber alcanzado acuerdo respecto al deber ser del desempeño docente y contar con una conciencia ética y moral suficientemente desarrollada, especialmente en los docentes, porque la evaluación tendría que ser, sobre todo, una auto y coevaluación, desarrollada a través de procesos de reflexión y análisis de los propios desempeños, en relación con los desempeños que la sociedad o el sistema educativo considera deseables.

Finalmente, terminan exponiendo en la propuesta “Nueva docencia en El Perú”, hay quienes la asumen como autoverificación de objetivos alcanzados o comparación entre lo conseguido y lo personal o colectivamente deseado o proyectado, entre el camino recorrido y el camino previamente diseñado. En esta perspectiva se requeriría que los docentes y los centros hubieran formulado sus propios objetivos, claros y bien definidos, así como diseñado estrategias plenamente aceptadas.

[1] Ministerio de Educación Nacional de la República de Colombia. Manual de la Evaluación de Desempeño. Colombia, 2003. P. 11
[2] Ministerio de Educación Nacional de la República de Colombia. Manual de la Evaluación de Desempeño. Colombia, 2003. P. 7.
[3] Valdés V.eloz, Héctor. Ponencia sobre Evaluación del Desempeño Docente. México. Mayo 2000. P. 11
[4] Ministerio de Educación de la República de El Perú. Nueva Docencia en el Perú. Perú, 2003. P. 84.
[5] Ministerio de Educación de la República de El Perú. Nueva Docencia en el Perú. Perú, 2003. P. 87.
[6] McKenna, Bernard; Nevo, David; Stufflebeam, Daniel y Thomas, Rebecca. Guía profesional para la mejora de los sistemas de evaluación del profesorado. Ediciones Mensajero, S. A. España, 1998. P. 14.